Para tener Presente
"Los Maestros, al ponernos al servicio del Estado, no hemos vendido nuestra conciencia ni hipotecado nuestras opiniones, ni hemos perdido nuestra ciudadanía. El hecho de recibir una suma mensual de dinero significa sólo el pago de nuestros servicios profesionales, pero no el pago de un silencio y de una conformidad que repugna. Quienes pretenden que el maestro debe "callar, obedecer y trabajar", están en un error, y cometen un insulto a la dignidad humana... ". José Antonio Encinas
¿REFORMA EDUCATIVA?
¿Reforma educativa para mejorar la calidad académica? Es posible esto sin atender el rezago educativo en materia de infraestructura en zonas marginales, con estudiantes mal alimentados y desnutridos, sin planes de estudio acorde a las necesidades de la población.
Evaluar a los maestros, ¿Quiénes, las instituciones corruptas del Estado? ¿La Ministra Bachiller que no sabe quien proclamó la independencia del Perú? ¿Los intelectuales “expertos” de la televisión? ¿Los periodistas mercenarios asalariados de la gran empresa?
ley de reforma magisterial y la destitucion por inasistencia y tardanza
14 febrero 2014
11 febrero 2014
La dictadura casi perfecta
El capitalismo es la cumbre evolutiva del totalitarismo
Un
Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes
políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar
una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer
coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre.
Aldous Huxley.
La “democracia” burguesa es la dictadura casi perfecta.
No es perfecta porque nada lo es, pero la llamada “democracia” liberal
es la dictadura más sofisticada y elaborada que el ser humano haya
inventado hasta la fecha. Cualquier dictadura es el dominio de una(s)
minoría(s) sobre la mayoría. En el capitalismo todo trabajador sabe
perfectamente que para prosperar o simplemente para sobrevivir debe
obedecer las órdenes que vienen de arriba. Las grandes decisiones
estratégicas de cualquier empresa vienen de muy arriba. ¿Qué es eso sino
una dictadura? Es cierto que si uno no obedece no es puesto delante de
un pelotón de fusilamiento. Pero se arriesga a ser expulsado de la
empresa. Peligra su sustento. El miedo es la “vestimenta” tanto del
obrero manual como del “obrero mental”. El capitalismo es la dictadura económica.
Dictadura que es posible porque los medios de producción son privados,
pertenecen a ciertas personas que, gracias a dicha posesión, ejercen su
dictadura y acaparan gran parte de la riqueza generada. Pero es una
dictadura descentralizada. Tal vez en esta peculiar característica
resida su fortaleza. Es una dictadura no sólo ejercida por la clase
empresarial, sino que asumida por gran parte de la población como algo
natural e inevitable. Es una dictadura en la que no es tan necesario que
unos pocos, muy pocos (ya sea un rey, un caudillo, una burocracia, un
partido) repriman al resto, sino que esos pocos tienen muchos
colaboradores distribuidos a lo largo y ancho de la sociedad. Toda
dictadura necesita una serie de colaboradores. Pero la “democracia”
burguesa es la dictadura con más colaboradores. En ella colaboran
distintas clases sociales, incluso las oprimidas. En ella no sólo domina
cierta minoría, la oligarquía capitalista, sino que dicho dominio es
mucho más sutil y logra incluso la colaboración de una gran parte de la
mayoría oprimida. En esto radica el verdadero éxito del capitalismo. De
aquí proviene la principal dificultad para derrocarlo.
La
dictadura económica se parapeta tras una aparente democracia política
que intenta evitar que ésta salpique a aquella. La prueba más palpable
de que el capitalismo necesita evitar la verdadera democracia es que
cuando ésta se intenta surgen los golpes de Estado. Cuando el disfraz de
democracia no le vale a la gran burguesía simplemente se lo quita,
temporalmente, para no perder el control de la sociedad. Una vez
recuperado el control las élites vuelven a conceder al pueblo el
“poder”. La oligarquía prefiere otorgarlo (en pequeñas dosis
controladas) al pueblo antes que éste ose tomarlo. La prueba más
palpable de que no tenemos verdadera democracia es que cuando miles de
ciudadanos se manifiestan pacíficamente en las calles reclamando la
democracia real, más y mejor democracia, no sólo son ignorados, sino que
reprimidos violentamente. La prueba más palpable de que no tenemos aún
democracia es que el sistema involuciona, empeoran las condiciones de
vida de la mayoría, sus problemas no son sólo crónicos sino que se
agudizan con el tiempo. El pueblo se siente impotente simplemente porque
no tiene realmente el poder.
La “democracia” burguesa es una
dictadura inteligente. Las élites que nos gobiernan y controlan han
adquirido experiencia a lo largo de los siglos. No existe dictadura más eficaz que aquella que aparenta no serlo.
En la “democracia” burguesa los ciudadanos eligen a sus dictadores, es
decir, refrendan en las urnas el sistema que les oprime. Incumpliendo en
la práctica muchos de los postulados teóricos en los que supuestamente
se sustenta la llamada democracia liberal (igualdad, separación de
poderes, etc.), la gran burguesía consigue herir de muerte a su
pretendida democracia. Herirla para salvarse ella, salvarse del pueblo.
Pues con una auténtica democracia, tarde o pronto, toda élite deja de
serlo. Los ciudadanos votan sin mucho convencimiento pero votan,
realimentando así el sistema que les impide ser ciudadanos. ¿Por qué
votan? Por inercia, por tradición, por miedo (a lo desconocido), por
comodidad, por engaño, por tranquilizar sus conciencias, por agarrarse a
un clavo ardiendo,… Pero votan, y sobre todo a los partidos que
defienden los intereses de la oligarquía. Así, las minorías dominan a la
mayoría con el apoyo de ésta (al menos de una gran parte). ¿Es posible
inventar mejor dictadura?
La mayoría oprimida asume los valores
culturales de las minorías opresoras. Valores que atentan contra sus
propios intereses. Así la mayoría se condena a sí misma. Así las
víctimas votan a sus verdugos. Pero, ¿por qué? Porque el capitalismo
ejerce su control ideológico a través de los medios de comunicación de
masas, pero sobre todo porque consigue que la gente lo vea como algo
natural e inevitable. El egoísmo es para la mayoría de las personas una
de las principales características que definen al ser humano. Y, por
consiguiente, la feroz competencia, la lucha de todos contra todos, es
lo más natural. De esta manera, la ley de la jungla, es decir, la ley
del más fuerte, del sálvese quien pueda, se traslada a la civilización,
se institucionaliza como la ley de leyes de nuestra sociedad. Es más, y
aquí radica el verdadero peligro, dicha ley parece el paradigma de la
libertad, cuando es realmente justo lo contrario. Pues no puede
aplicarse el mismo criterio de libertad cuando el individuo vive aislado
que cuando vive en sociedad, en la selva que en la civilización. En la vida en sociedad la libertad es imposible sin la igualdad de oportunidades, sin la igualdad en las relaciones sociales. En la vida en sociedad la libertad de uno acaba donde empieza la de los otros, y viceversa. El liberalismo instaura el libertinaje en la civilización y lo disfraza de libertad y de naturalidad.
La ley que rige la “civilización” capitalista parece natural porque es
el traslado directo de la ley que rige la naturaleza primitiva, salvaje,
a la civilización. “Caza” o serás “cazado”, domina o serás dominado,
oprime o serás oprimido, explota o serás explotado. El capitalismo
triunfa en las mentes de los ciudadanos, no sólo por el monopolio de los
grandes instrumentos de adoctrinamiento ideológico masivo (educación y
medios de comunicación), sino que también por el mensaje transmitido,
simple y al mismo tiempo trascendental, con profundas consecuencias: la
ley del más fuerte es la más natural. Cuando, precisamente, si por algo
debe distinguirse la civilización de la jungla es por el hecho de que se
rijan por leyes distintas. La ley del más fuerte puede conducir, tarde o
pronto, a la autoextinción de una sociedad que alcanza cierto grado de
desarrollo tecnológico, como mínimo a su decadencia. Pues la combinación
desarrollo tecnológico y subdesarrollo social es explosiva.
Así, el capitalismo consigue que una de las facetas del ser humano, la
cual debería ir disminuyendo notablemente con el tiempo para que una
especie supuestamente inteligente se haga verdaderamente civilizada, sea
la predominante en su sociedad (y cada vez más). El egoísmo es el motor
de la sociedad capitalista. A muchos seres humanos les parece que el
egoísmo es lo más natural, por tanto el capitalismo es lo más natural y
sólo él puede funcionar. Pero el ser humano también puede ser solidario.
“Sólo” hace falta que el sistema de convivencia humano realimente sus
mejores características en detrimento de las peores, en vez de al revés.
“Sólo” hace falta que la solidaridad sea la norma en vez de la
excepción. El ser humano es contradictorio y es capaz de lo mejor y de
lo peor. Sin olvidar que en la naturaleza salvaje también existe la
colaboración, además de la competencia.
No sólo es casi
perfecta la dictadura burguesa por sus apariencias democráticas en su
sistema político, sino que también porque muchas de sus víctimas aspiran
a dejar de serlo colaborando con sus opresores, o mejor aún,
convirtiéndose ellos mismos en opresores. En vez de combatir al sistema,
la mayoría lo realimenta. Una vez asumida la ley básica y “natural” de
que el egoísmo es el motor de toda sociedad, de toda
especie, una vez asumida la ley del más fuerte como la más lógica, lo
siguiente es aspirar a ser el más fuerte, o al menos a ponerse de su
lado. Una vez asumidas las reglas del juego, hay que jugar, hay que
esmerarse en aplicar dichas reglas, hay que encomendarse a la diosa
Fortuna. El gran triunfo ideológico del capitalismo es que muchos
trabajadores sólo aspiren a cambiar de bando, a convertirse en
explotadores de sus hermanos de clase, en vez de erradicar la
explotación que sufren. Muchos trabajadores sólo protestan (por lo
general demasiado tarde) cuando son afectados grave y personalmente
por el juego en el que participan sin cuestionarlo. La utopía social es
negada por la propaganda capitalista al mismo tiempo que se nos vende
la utopía individual. El individuo corriente piensa que puede huir de su
alienación, ya sea jugando a la lotería (nada mejor que paralizar a las
masas vendiéndoles la esperanza de que un golpe de suerte las salvará),
ya sea cambiando de empresa o de país, ya sea rezando a cualquier dios,
ya sea creyendo en un paraíso en otra vida,…, en definitiva, aceptando
las reglas del juego con la esperanza de que éste alguna vez le
beneficie, con la esperanza de que la ruleta rusa a él no le afecte. Al
mismo tiempo que nos oprimen, nos dan esperanzas. ¿Existe mejor manera
de evitar la rebeldía que postergándola indefinidamente en el tiempo?
Y, por si todo lo anterior fuera poco, una parte de la izquierda
anticapitalista asume (inconscientemente) los valores de la burguesía,
los interioriza. Le hace el juego a la burguesía cayendo en un
relativismo extremo y absurdo asumiendo que la “democracia” burguesa es
una democracia y que el proletariado necesita la suya, asumiendo que no
sólo el Estado burgués es la dictadura de una clase (como, sin dudas, lo es) sino que todo
Estado es, por definición, la dictadura de una clase. Incluso, y esto
es un gran favor que se le hizo a la burguesía en la guerra ideológica,
llamando al sistema que beneficiaría al proletariado dictadura. Democracia burguesa vs. Dictadura
del proletariado. Así la burguesía puede proseguir dominando
ideológicamente con demasiada facilidad a las masas. ¡Ella es
“democrática” mientras que los malvados comunistas no! No podía
hacérsele mejor favor a las élites capitalistas. Para dichos
izquierdistas la democracia es un concepto totalmente relativo. Cuando,
precisamente, el enemigo público número uno de la burguesía, de
cualquier minoría dominante, es la auténtica democracia, el gobierno de
la mayoría. La alternativa a la dictadura burguesa disfrazada de
democracia es la democracia sin disfraz, sin apellidos, y no ninguna
dictadura. Este profundo y grave error en la guerra ideológica contra el
capitalismo la izquierda (y el proletariado internacional) lo ha pagado
muy caro, y todavía lo está pagando.
¿Es posible una verdadera
democracia si prescindimos de algunos de los postulados teóricos de la
llamada democracia liberal? ¿Por qué la burguesía se empeña tanto en
incumplirlos en la práctica? ¿No nos damos cuenta de que eso,
precisamente, nos da pistas sobre cómo superar la simbólica y engañosa
“democracia” burguesa? Partiendo de ella y desarrollándola
suficientemente, haciendo la democracia representativa realmente representativa y mucho más participativa, además de complementándola con la democracia directa
y expandiéndola a todos los rincones de la sociedad (especialmente a la
economía), podemos hacer que deje de ser burguesa, podemos alcanzar la
democracia propiamente dicha. En la “democracia” burguesa está el germen
de la extinción de la sociedad burguesa, clasista en general. Por esto
la gran burguesía se esmera tanto en vaciar de contenido su
“democracia”. Es perfectamente consciente del peligro que supone la
democracia, la verdadera, para ella.
Afortunadamente, nada es
perfecto. Pero no debemos infravalorar al enemigo. La barbarie
capitalista sobrevive porque su dictadura ha alcanzado un grado de
sofisticación, de perfección, muy alto. Por ahora, el mayor enemigo del
capitalismo es el propio capitalismo que sucumbe tarde o pronto, de
manera recurrente, ante sus grandes, profundas e irresolubles
contradicciones. El peligro es que el capitalismo sucumba haciendo
sucumbir de paso a la especie humana o a su hábitat. Deberemos hacer
todo lo posible para sustituirlo cuanto antes por un sistema puesto al
servicio de la mayoría de la humanidad. Y ese sistema sólo puede ser la
democracia, el gobierno de la mayoría. Sólo las dictaduras pueden tener
apellidos “clasistas”: los de las clases minoritarias que dominan
artificialmente, mediante el uso de la fuerza. La democracia, por el
contrario, no puede tenerlos porque mayoría sólo hay una. El 99% de la
población no necesita los mismos trucos para dominar, no necesita
reprimir al 1%, ni comerle el coco. La verdad necesita la más amplia
libertad, la competencia igualitaria entre todas las ideas, para abrirse paso, a diferencia de las mentiras. El Estado “proletario”, es decir, donde domine la mayoría, debe ser radicalmente distinto al burgués (o de cualquier minoría dominante). La hegemonía del proletariado se conseguirá con la auténtica democracia, la más amplia y profunda posible. La lucha por la democracia es la lucha contra el capitalismo.
El desarrollo completo, hasta las últimas consecuencias, de la
democracia es lo que acabará exterminando al capitalismo. Como decía
Hugo Chávez, el socialismo es democracia sin fin.
José López es autor de los libros Rumbo a la democracia, Las falacias del capitalismo, La causa republicana, Manual de resistencia anticapitalista, Los errores de la izquierda, ¿Reforma o Revolución? Democracia y El marxismo del siglo XXI así
como de diversos artículos, publicados todos ellos en múltiples medios
de la prensa alternativa y disponibles en su blog para su libre descarga
y distribución.
Blog del autor: http://joselopezsanchez. wordpress.com/
"Sigan adelante en la construcción de ese mundo nuevo"
A 20 años de la insurrección de enero, Paz con Democracia felicita al EZLN
| Sigan adelante en la construcción de ese mundo nuevo, piden en misiva A 20 años de la insurrección de enero, Paz con Democracia felicita al EZLN Periódico La Jornada Lunes 10 de febrero de 2014, p. 16 Comité Clandestino Revolucionario Indígena. Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Presentes. Muy estimados compañeros y compañeras: El grupo Paz con Democracia surge en el contexto de la rebelión zapatista del 1° de enero de 1994 y la crisis del diálogo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) con el gobierno federal. A lo largo de estos años sus integrantes hemos seguido con atención las vicisitudes del proceso autonómico en los territorios bajo su hegemonía, en los que a través de las cinco Juntas de Buen Gobierno ha sido posible establecer autogobiernos regidos por el mandar-obedeciendo, tanto en los ámbitos locales y municipales, como en el regional. Consideramos que no obstante el cerco de penetración de las fuerzas armadas en sus afanes contrainsurgentes, así como las políticas asistencialistas y la agresión y provocación constante de los grupos paramilitares, sus avances en la práctica de una democracia integral y participativa han sido extraordinarios en estos 20 años de luchas, y han mostrado a México y al mundo entero que la resistencia antisistémica y la lucha por un mundo donde quepamos todos y todas, son una realidad cotidiana. Como hemos podido constatar quienes entre nosotros asistimos al curso "La libertad según los zapatist@s", ustedes constituyen un reservorio de dignidad y congruencia ética en un momento en que la democracia tutelada que impone el capitalismo se hace añicos por la corrupción estructural de una clase política profundamente deslegitimada y sin credibilidad alguna. La puesta en práctica del principio de "Para todos, todo, para nosotros, nada" por el EZLN, cuando retiró a todos sus cuadros político-militares de los tres niveles de gobierno autónomo, demuestra esa coherencia moral que los caracteriza. A 20 años de la insurrección de enero, felicitamos a tod@s y cada un@ de quienes integran su organización en todos los niveles y formas organizativas. Paz con Democracia desea fervientemente que sigan adelante en la construcción de ese mundo nuevo de la autonomía zapatista. Deseamos también continuar trabajando juntos por hacer posible un México y un planeta Tierra en los que imperen los principios que ustedes han enarbolado durante estas dos décadas. Y al mismo tiempo que nos dirigimos a ustedes, llamamos al país y al mundo a profundizar la amplia y activa solidaridad en torno al EZLN y los autogobiernos de los mayas zapatistas; consideramos que es un proyecto que trasciende al ámbito nacional y a los pueblos indios, por lo que resulta hoy día el aporte más importante de la humanidad. Pablo González Casanova, Rodolfo Stavenhagen, Miguel Concha Malo, Gilberto López y Rivas, Magdalena Gómez, Luis Hernández Navarro, Miguel Álvarez Gándara, Carlos Fazio, Víctor Flores Olea, Ana Esther Ceceña, Alicia Castellanos, Jorge Fernández Souza, Dolores González, Héctor de la Cueva, Pablo Romo y Óscar González |
Comité Clandestino Revolucionario Indígena.
Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Presentes.
Muy estimados compañeros y compañeras:
El grupo Paz con Democracia surge en el contexto de la rebelión zapatista del 1° de enero de 1994 y la crisis del diálogo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) con el gobierno federal. A lo largo de estos años sus integrantes hemos seguido con atención las vicisitudes del proceso autonómico en los territorios bajo su hegemonía, en los que a través de las cinco Juntas de Buen Gobierno ha sido posible establecer autogobiernos regidos por el mandar-obedeciendo, tanto en los ámbitos locales y municipales, como en el regional.
Consideramos que no obstante el cerco de penetración de las fuerzas armadas en sus afanes contrainsurgentes, así como las políticas asistencialistas y la agresión y provocación constante de los grupos paramilitares, sus avances en la práctica de una democracia integral y participativa han sido extraordinarios en estos 20 años de luchas, y han mostrado a México y al mundo entero que la resistencia antisistémica y la lucha por un mundo donde quepamos todos y todas, son una realidad cotidiana.
Como hemos podido constatar quienes entre nosotros asistimos al curso "La libertad según los zapatist@s", ustedes constituyen un reservorio de dignidad y congruencia ética en un momento en que la democracia tutelada que impone el capitalismo se hace añicos por la corrupción estructural de una clase política profundamente deslegitimada y sin credibilidad alguna. La puesta en práctica del principio de "Para todos, todo, para nosotros, nada" por el EZLN, cuando retiró a todos sus cuadros político-militares de los tres niveles de gobierno autónomo, demuestra esa coherencia moral que los caracteriza.
A 20 años de la insurrección de enero, felicitamos a tod@s y cada un@ de quienes integran su organización en todos los niveles y formas organizativas. Paz con Democracia desea fervientemente que sigan adelante en la construcción de ese mundo nuevo de la autonomía zapatista. Deseamos también continuar trabajando juntos por hacer posible un México y un planeta Tierra en los que imperen los principios que ustedes han enarbolado durante estas dos décadas.
Y al mismo tiempo que nos dirigimos a ustedes, llamamos al país y al mundo a profundizar la amplia y activa solidaridad en torno al EZLN y los autogobiernos de los mayas zapatistas; consideramos que es un proyecto que trasciende al ámbito nacional y a los pueblos indios, por lo que resulta hoy día el aporte más importante de la humanidad.
Pablo González Casanova, Rodolfo Stavenhagen, Miguel Concha Malo, Gilberto López y Rivas, Magdalena Gómez, Luis Hernández Navarro, Miguel Álvarez Gándara, Carlos Fazio, Víctor Flores Olea, Ana Esther Ceceña, Alicia Castellanos, Jorge Fernández Souza, Dolores González, Héctor de la Cueva, Pablo Romo y Óscar González.
Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Presentes.
Muy estimados compañeros y compañeras:
El grupo Paz con Democracia surge en el contexto de la rebelión zapatista del 1° de enero de 1994 y la crisis del diálogo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) con el gobierno federal. A lo largo de estos años sus integrantes hemos seguido con atención las vicisitudes del proceso autonómico en los territorios bajo su hegemonía, en los que a través de las cinco Juntas de Buen Gobierno ha sido posible establecer autogobiernos regidos por el mandar-obedeciendo, tanto en los ámbitos locales y municipales, como en el regional.
Consideramos que no obstante el cerco de penetración de las fuerzas armadas en sus afanes contrainsurgentes, así como las políticas asistencialistas y la agresión y provocación constante de los grupos paramilitares, sus avances en la práctica de una democracia integral y participativa han sido extraordinarios en estos 20 años de luchas, y han mostrado a México y al mundo entero que la resistencia antisistémica y la lucha por un mundo donde quepamos todos y todas, son una realidad cotidiana.
Como hemos podido constatar quienes entre nosotros asistimos al curso "La libertad según los zapatist@s", ustedes constituyen un reservorio de dignidad y congruencia ética en un momento en que la democracia tutelada que impone el capitalismo se hace añicos por la corrupción estructural de una clase política profundamente deslegitimada y sin credibilidad alguna. La puesta en práctica del principio de "Para todos, todo, para nosotros, nada" por el EZLN, cuando retiró a todos sus cuadros político-militares de los tres niveles de gobierno autónomo, demuestra esa coherencia moral que los caracteriza.
A 20 años de la insurrección de enero, felicitamos a tod@s y cada un@ de quienes integran su organización en todos los niveles y formas organizativas. Paz con Democracia desea fervientemente que sigan adelante en la construcción de ese mundo nuevo de la autonomía zapatista. Deseamos también continuar trabajando juntos por hacer posible un México y un planeta Tierra en los que imperen los principios que ustedes han enarbolado durante estas dos décadas.
Y al mismo tiempo que nos dirigimos a ustedes, llamamos al país y al mundo a profundizar la amplia y activa solidaridad en torno al EZLN y los autogobiernos de los mayas zapatistas; consideramos que es un proyecto que trasciende al ámbito nacional y a los pueblos indios, por lo que resulta hoy día el aporte más importante de la humanidad.
Pablo González Casanova, Rodolfo Stavenhagen, Miguel Concha Malo, Gilberto López y Rivas, Magdalena Gómez, Luis Hernández Navarro, Miguel Álvarez Gándara, Carlos Fazio, Víctor Flores Olea, Ana Esther Ceceña, Alicia Castellanos, Jorge Fernández Souza, Dolores González, Héctor de la Cueva, Pablo Romo y Óscar González.
La desigualdad es injusta
Con la expectativa
de un leve y lento crecimiento económico, los poderosos se aprestan a
garantizar sus distancias y privilegios, a consolidar la desigualdad y
su poder. La insistencia de las derechas es que aunque haya ‘mejoría’
económica tienen que continuar con las ‘reformas (recortes)
estructurales’, buscando mayores garantías para su hegemonía
institucional. Su proyecto es ampliar la desigualdad e intentar
legitimar su gestión. Estamos en una pugna sociopolítica y distributiva
que afecta a condiciones y derechos sociales y democráticos. El bloque
de poder liberal-conservador, con una gestión regresiva, antisocial y
autoritaria de la crisis, quiere imponer modelo económico y social más
desigual y una democracia más débil. Participamos de una fuerte pugna
cultural en la que se ventila la legitimación o no de este proceso, con
sus discursos y sus gestores (las derechas y capas gerenciales), o bien
se abre una dinámica más justa y democrática, con una ciudadanía más
activa y una representación social y política más robusta. Se trata de
evaluar la desigualdad socioeconómica, su carácter injusto e ilegítimo,
desde los valores de la justicia social, con la perspectiva de un modelo
de sociedad más igualitario y solidario.
Mínima recuperación con máxima desigualdad
Aumentan las brechas sociales y, cada vez más, en la sociedad se perciben como una dinámica injusta. La realidad de desigualdad social, y su percepción, enfrentada con la cultura ciudadana de justicia social, genera indignación popular y deslegitimación de las políticas, agentes e instituciones que la promueven. Existe un amplio rechazo ciudadano al desempleo masivo, el empobrecimiento e incertidumbre de la mayoría de la población y el deterioro de derechos, prestaciones y servicios públicos, derivados de la crisis económica y la estrategia liberal-conservadora de la austeridad. Esta actitud cívica se asienta en los valores de igualdad, solidaridad y democracia. Esta conciencia democrática y de justicia social es progresista y mayoritaria. Lleva aparejada la oposición a los recortes sociolaborales y la exigencia de democratización del sistema político. Es un factor clave para consolidar una ciudadanía activa, acabar con las políticas regresivas y antisociales y promover el cambio social e institucional. Por ello, la interpretación de la desigualdad y su carácter injusto es fundamental en la fuerte pugna cultural, mediática y sociopolítica entre los poderosos, que pretenden justificar su necesidad y su consolidación, y las corrientes populares progresistas, que la cuestionan y aspiran a su cambio.
Fruto del incremento de la desigualdad socioeconómica, la acumulación de riqueza en la cúpula financiera y la desregulación institucional, se produjeron las burbujas inmobiliarias y financieras; su estallido ha generado la mayor crisis económica y social en muchas décadas. Las medidas neoliberales de ajuste regresivo y la socialización de las pérdidas privadas han incrementado la desigualdad, el empobrecimiento y la incertidumbre para la mayoría de la sociedad, particularmente en los países europeos periféricos.
El proyecto liberal-conservador dominante trata de garantizar mayores privilegios económicos y políticos para las élites (financieras y gobernantes), consolidar la desigualdad social y la subordinación de las capas populares y neutralizar la participación ciudadana y una acción política progresista, reguladora o redistributiva. Supone, por tanto, un deterioro democrático del sistema político y una fuerte ofensiva cultural por evitar la significativa desconfianza popular en esa gestión regresiva. Su freno es una consistente contestación ciudadana progresista, un amplio movimiento de resistencia popular, al menos en el sur de Europa, con un reflejo relevante en el campo político y electoral, y una significativa influencia en el norte. Los límites o líneas rojas de la gestión de las derechas dominantes son, de momento, el evitar un deslizamiento irreversible hacia una grave crisis social, una fuerte desvertebración política e institucional o una ruptura de la Unión Europea. No está clara la eficacia de su estrategia de no caer en esos abismos, aunque no sea pretendido. Serían aspectos difíciles de manejar y que, en todo caso, conllevarían el fracaso de las actuales élites gobernantes respecto de su fuente de legitimidad: el bienestar de la población en una Europa democrática, social e integrada.
Por ello la acción contra la desigualdad debe complementarse con un avance en el modelo social y el Estado de bienestar europeo y en el fortalecimiento de la democracia, con el respeto de la representación política y las élites gestoras a las demandas ciudadanas. La solución: una salida equitativa a la crisis, un nuevo contrato social y político democrático y progresista, una cultura cívica igualitaria y solidaria.
Por un lado, hay que evidenciar la gravedad de la desigualdad socioeconómica, su persistencia y sus causas, frente a los intentos de minusvalorarla, considerarla transitoria o eludir las responsabilidades de sus causantes. Y, por otro lado, se debe ampliar la deslegitimación social y ética de la desigualdad, cuestionar los argumentos y discursos que pretenden justificarla, para fortalecer la actitud cívica de la ciudadanía y el rechazo popular a la misma. Sobre lo primero, se están publicando diversos estudios, que han tenido un gran impacto en la opinión pública, y por mi parte lo he tratado en otros trabajos. Aquí, nos centraremos en lo segundo, explorando las distintas concepciones (progresistas/igualitarias o regresivas/desigualitarias) que pugnan por la hegemonía ideológica o cultural en la sociedad.
Desigualdad es un concepto comparativo. Hace referencia a las ‘distancias’ entre distintas categorías sociales (individuos, segmentos, grupos o países). Pero para valorar la percepción de su gravedad y su carácter injusto hay que combinarlo con otro hecho dinámico: la comparación con la situación anterior de cada individuo y estrato social. Uno de los temas más complejos para analizar es la relación entre crecimiento económico y desigualdad, con la combinación de dos dinámicas: mayores bienes, junto con mayor desigualdad. El énfasis en lo primero pretende justificar lo segundo, aunque lo segundo no debe despreciar lo primero.
El discurso de la derecha sobre la inminente, continuada y generalizada recuperación económica es un engaño: aspectos parciales mejoran, pero el grueso de los que afectan directamente a los ciudadanos se mantienen o empeoran. Una de sus pretensiones es evitar la deslegitimación de unas políticas gubernamentales y unos agentes económicos e institucionales que han ampliado la desigualdad, el descenso socioeconómico de la mayoría de la sociedad y el deterioro democrático de las grandes instituciones públicas. Existen algunos indicadores económicos menos negativos. Se sale de la gran recesión aunque, en el mejor de los casos y si no hay otros contratiempos, habrá solo una leve y lentísima mejoría económica y de empleo, como aventura el FMI y la Comisión europea. Según pronostican sus portavoces, en España tendríamos (al menos) una década por delante de sufrimiento. Aunque a su término tampoco nos espera la reversión de mayor igualdad, protección pública o derechos sociolaborales. La posible salida conservadora de la crisis pretende asegurar el desequilibrio impuesto en las relaciones de poder económico y empresarial, continuar con el proceso de desmantelamiento del Estado de bienestar (insostenible para M. Draghi, del BCE) y consolidar el autoritarismo político con una democracia débil. Todo ello con especial impacto para los países europeos mediterráneos.
No obstante, de no acabar de inmediato con la política de austeridad, permanecerán un similar nivel de desempleo masivo, el descenso de la capacidad adquisitiva de salarios, pensiones y prestaciones de desempleo, mayor precarización y sometimiento de la población trabajadora y peores y segmentados servicios públicos. Un elemento clave, la posibilidad de creación limitada de empleo (temporal y a tiempo parcial), se instrumentaliza para profundizar en la precarización y la pérdida de derechos sociolaborales del conjunto y fortalecer el poder y los beneficios empresariales.
Ese discurso liberal-conservador pretende legitimar la estructura y la dinámica de desigualdad. Considera que el enriquecimiento de las élites es ‘merecido’ por sus habilidades inversoras y especulativas y el tráfico de influencias y poder. Y también que el empobrecimiento y el paro masivo, que afecta a personas de las capas populares, también es ‘merecido’. Así, no habría que cambiar nada, las dinámicas desiguales estarían justificadas, haciendo abstracción de las distintas situaciones de ventajas y desventajas, de origen, contexto y trayectoria, de las desiguales relaciones de poder y condiciones que están incluyendo en las diferentes capas de la sociedad. Pasa por alto las distintas oportunidades y capacidades iniciales y en su desarrollo en que se encuentran los distintos individuos y grupos sociales. Con esa idea, las capas acomodadas intentan pasar página del incremento de las brechas sociales y las posiciones de subordinación de la mayoría de la población, derivadas de las estructuras desiguales, la crisis económica y las políticas de austeridad. Pretende hacer olvidar las causas y responsabilidades de las capas financieras y gobernantes que las han ampliado a costa de la mayoría de la sociedad. Su promesa es que ese (limitado y lento) crecimiento iría a mejorar la capacidad adquisitiva de la población, esperando que el rechazo a la desigualdad pase a segundo plano.
El proceso de legitimación de la dinámica desigual adquiere nuevos argumentos: la (hipotética) mejoría de la situación de la gente, avalaría las políticas de ajustes y austeridad que han ampliado la desigualdad. Esta situación, según ellos, debería consolidarse y ampliarse como condición ‘inevitable’ para el crecimiento económico. Así, se garantizarían, junto con su mayor poder y dominación, el incremento de las distancias y privilegios de las capas más ricas frente al estancamiento de la mayoría de la sociedad. O, bien, la existencia de una leve mejoría de una parte (minoritaria), junto con el agravamiento de la pobreza y el desamparo con mayor subordinación, en otra parte (mayoritaria).
La justificación neoliberal de la desigualdad
Para interpretar la realidad de la situación de desigualdad y valorar su significado se debe combinar su análisis con la justicia social y sus fundamentos éticos. Aquí es cuando aparecen las distintas interpretaciones éticas para definir lo justo y lo injusto y, por tanto, dar legitimidad o no a determinados grados de desigualdad aplicados según motivos, condiciones y contextos diferentes.
El pensamiento liberal dominante considera la desigualdad como justa (o racional, eficiente y conveniente). Admite cierta igualdad jurídica o formal, pero valora la desigualdad socioeconómica como necesaria e imprescindible para garantizar el crecimiento económico, al que le da el valor supremo, y la correspondiente apropiación de beneficios por las clases dominantes. Es decir, la mejora del bienestar de la población pasaría por la inevitabilidad de la desigualdad, la acumulación privada de la riqueza en las cúpulas oligárquicas y, por tanto, la subordinación de la sociedad a unas relaciones y estructuras desiguales. El valor de la mejoría económica relativa derivada del mercado estaría por encima del avance hacia la igualdad, sería compatible con la ampliación de las brechas sociales, y ese proceso se calificaría de ‘justo’. Las élites económicas tendrían legitimidad para aumentar sus privilegios y las distancias respecto de la mayoría de la sociedad, siempre que los sectores desfavorecidos mejoren algo su capacidad adquisitiva. Este último componente adicional era, primero, la caridad hacia los pobres, y después, el talante ‘social’ del liberalismo o las tradiciones cristianas. El actual discurso de la derecha, del cambio de tendencia económica y de empleo, con la consiguiente e hipotética leve mejoría para personas desempleadas, utiliza ese argumento para frenar la crítica ciudadana a precarización, incertidumbre y desamparo de la mayoría, la ampliación de grandes brechas sociales y el enriquecimiento de las élites.
Así, nos encontramos con datos actuales como que más del 90% del crecimiento diferencial de la renta se lo queda el 10% más rico, y que el 90% de la población se reparte el 10% restante de la renta. Pero como éstos también mejoran respecto de su situación anterior, aunque las distancias aumenten, sería una situación más justa y suficiente para justificar como ‘buena’ esa dinámica más desigual. Por tanto, algunos de criterios de justicia (liberales, demócrata-cristianos y de apariencia progresista) se utilizan también para justificar cierto nivel de desigualdad en determinadas condiciones de mejoría relativa de los más pobres.
En consecuencia, habrá que demostrar, primero, la existencia de desigualdad, y, segundo, su carácter injusto. Es evidente la conciencia social de la existencia de mayor desigualdad y empobrecimiento cuando, al mismo tiempo, hay un descenso económico mayoritario. La interpretación es más ambivalente cuando hay cierto crecimiento económico, es decir, cuando se puede combinar dos dinámicas: mayor desigualdad (brechas sociales), junto con una mejora en la capacidad adquisitiva respecto a la situación anterior (es el caso actual de China).
El discurso utilitarista o neoliberal se centra en justificar la desigualdad y la subordinación popular como elementos fundamentales e imprescindibles para el crecimiento económico, para asegurar los beneficios e incentivar ‘adecuadamente’ a los principales agentes económicos (según ellos): los inversores (el capital financiero), los propietarios de los medios de producción y las capas gerenciales o corporativas. Según el pensamiento clásico liberal, la acumulación de riqueza privada llevaría a la prosperidad general. La realidad actual de la crisis económica, con una gran polarización de la riqueza, en manos de una minoría oligárquica, y una gran recesión o estancamiento económicos, cuestionan ese discurso. El aumento del dominio y el beneficio económico de las elites financieras no reporta en incremento de empleo (decente), y ese discurso apenas esconde su objetivo: intentar legitimar su apropiación desmesurada frente al interés general. La distribución de los beneficios de la actividad económica es desigual y se ampara en una estructura de poder que la impone, aunque esté sometida a los procesos de legitimación social y política.
Por tanto, hay un conflicto entre igualdad y crecimiento económico. En un marco capitalista como el actual, con libertad empresarial y de capitales, los agentes económicos, propietarios y gestores, exigen ‘incentivos’ desiguales, comparativamente. ¿Cuál es el grado de desigualdad necesario o admisible, según esas relaciones económicas y de poder, para garantizar un crecimiento ‘sostenible’ y ‘eficiente’ que reporte beneficios al conjunto, mejorando su situación material aún a costa de determinada distribución desigual? O al contrario, ¿Cuándo una distribución igualitaria deja de ser eficiente y constituye un motivo de rebelión para las élites y el poder financiero que exigen incentivos (desiguales) y dominio económico y de poder, bajo la amenaza del aislamiento financiero?. La solución viene desde el campo político: la capacidad de la sociedad y sus instituciones políticas (Estado) para regular los procesos económicos (mercado) y definir los márgenes de una justicia distributiva desde una ética igualitaria y solidaria que garantice el ‘bien común’ de la humanidad. La cuestión es que es difícil ejecutarlo si no es, al menos, en el plano europeo. En todo caso seguiría siendo un problema político, es decir, de fuerzas sociales e instituciones públicas con suficiente apoyo ciudadano para consolidar procesos de gobernanza que regulen los mercados, superando las dependencias y subordinaciones a esos poderes financieros de las clases gobernantes, los Estados y las instituciones europeas.
En definitiva, las concepciones de la justicia social, de una igualdad de oportunidades más débil o más fuerte, junto con una fuerte cultura democrática y cívica, particularmente, en la conciencia popular, son fundamentales para valorar la desigualdad y la actitud ciudadana ante ella.
Antonio Antón. Profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid
Mínima recuperación con máxima desigualdad
Aumentan las brechas sociales y, cada vez más, en la sociedad se perciben como una dinámica injusta. La realidad de desigualdad social, y su percepción, enfrentada con la cultura ciudadana de justicia social, genera indignación popular y deslegitimación de las políticas, agentes e instituciones que la promueven. Existe un amplio rechazo ciudadano al desempleo masivo, el empobrecimiento e incertidumbre de la mayoría de la población y el deterioro de derechos, prestaciones y servicios públicos, derivados de la crisis económica y la estrategia liberal-conservadora de la austeridad. Esta actitud cívica se asienta en los valores de igualdad, solidaridad y democracia. Esta conciencia democrática y de justicia social es progresista y mayoritaria. Lleva aparejada la oposición a los recortes sociolaborales y la exigencia de democratización del sistema político. Es un factor clave para consolidar una ciudadanía activa, acabar con las políticas regresivas y antisociales y promover el cambio social e institucional. Por ello, la interpretación de la desigualdad y su carácter injusto es fundamental en la fuerte pugna cultural, mediática y sociopolítica entre los poderosos, que pretenden justificar su necesidad y su consolidación, y las corrientes populares progresistas, que la cuestionan y aspiran a su cambio.
Fruto del incremento de la desigualdad socioeconómica, la acumulación de riqueza en la cúpula financiera y la desregulación institucional, se produjeron las burbujas inmobiliarias y financieras; su estallido ha generado la mayor crisis económica y social en muchas décadas. Las medidas neoliberales de ajuste regresivo y la socialización de las pérdidas privadas han incrementado la desigualdad, el empobrecimiento y la incertidumbre para la mayoría de la sociedad, particularmente en los países europeos periféricos.
El proyecto liberal-conservador dominante trata de garantizar mayores privilegios económicos y políticos para las élites (financieras y gobernantes), consolidar la desigualdad social y la subordinación de las capas populares y neutralizar la participación ciudadana y una acción política progresista, reguladora o redistributiva. Supone, por tanto, un deterioro democrático del sistema político y una fuerte ofensiva cultural por evitar la significativa desconfianza popular en esa gestión regresiva. Su freno es una consistente contestación ciudadana progresista, un amplio movimiento de resistencia popular, al menos en el sur de Europa, con un reflejo relevante en el campo político y electoral, y una significativa influencia en el norte. Los límites o líneas rojas de la gestión de las derechas dominantes son, de momento, el evitar un deslizamiento irreversible hacia una grave crisis social, una fuerte desvertebración política e institucional o una ruptura de la Unión Europea. No está clara la eficacia de su estrategia de no caer en esos abismos, aunque no sea pretendido. Serían aspectos difíciles de manejar y que, en todo caso, conllevarían el fracaso de las actuales élites gobernantes respecto de su fuente de legitimidad: el bienestar de la población en una Europa democrática, social e integrada.
Por ello la acción contra la desigualdad debe complementarse con un avance en el modelo social y el Estado de bienestar europeo y en el fortalecimiento de la democracia, con el respeto de la representación política y las élites gestoras a las demandas ciudadanas. La solución: una salida equitativa a la crisis, un nuevo contrato social y político democrático y progresista, una cultura cívica igualitaria y solidaria.
Por un lado, hay que evidenciar la gravedad de la desigualdad socioeconómica, su persistencia y sus causas, frente a los intentos de minusvalorarla, considerarla transitoria o eludir las responsabilidades de sus causantes. Y, por otro lado, se debe ampliar la deslegitimación social y ética de la desigualdad, cuestionar los argumentos y discursos que pretenden justificarla, para fortalecer la actitud cívica de la ciudadanía y el rechazo popular a la misma. Sobre lo primero, se están publicando diversos estudios, que han tenido un gran impacto en la opinión pública, y por mi parte lo he tratado en otros trabajos. Aquí, nos centraremos en lo segundo, explorando las distintas concepciones (progresistas/igualitarias o regresivas/desigualitarias) que pugnan por la hegemonía ideológica o cultural en la sociedad.
Desigualdad es un concepto comparativo. Hace referencia a las ‘distancias’ entre distintas categorías sociales (individuos, segmentos, grupos o países). Pero para valorar la percepción de su gravedad y su carácter injusto hay que combinarlo con otro hecho dinámico: la comparación con la situación anterior de cada individuo y estrato social. Uno de los temas más complejos para analizar es la relación entre crecimiento económico y desigualdad, con la combinación de dos dinámicas: mayores bienes, junto con mayor desigualdad. El énfasis en lo primero pretende justificar lo segundo, aunque lo segundo no debe despreciar lo primero.
El discurso de la derecha sobre la inminente, continuada y generalizada recuperación económica es un engaño: aspectos parciales mejoran, pero el grueso de los que afectan directamente a los ciudadanos se mantienen o empeoran. Una de sus pretensiones es evitar la deslegitimación de unas políticas gubernamentales y unos agentes económicos e institucionales que han ampliado la desigualdad, el descenso socioeconómico de la mayoría de la sociedad y el deterioro democrático de las grandes instituciones públicas. Existen algunos indicadores económicos menos negativos. Se sale de la gran recesión aunque, en el mejor de los casos y si no hay otros contratiempos, habrá solo una leve y lentísima mejoría económica y de empleo, como aventura el FMI y la Comisión europea. Según pronostican sus portavoces, en España tendríamos (al menos) una década por delante de sufrimiento. Aunque a su término tampoco nos espera la reversión de mayor igualdad, protección pública o derechos sociolaborales. La posible salida conservadora de la crisis pretende asegurar el desequilibrio impuesto en las relaciones de poder económico y empresarial, continuar con el proceso de desmantelamiento del Estado de bienestar (insostenible para M. Draghi, del BCE) y consolidar el autoritarismo político con una democracia débil. Todo ello con especial impacto para los países europeos mediterráneos.
No obstante, de no acabar de inmediato con la política de austeridad, permanecerán un similar nivel de desempleo masivo, el descenso de la capacidad adquisitiva de salarios, pensiones y prestaciones de desempleo, mayor precarización y sometimiento de la población trabajadora y peores y segmentados servicios públicos. Un elemento clave, la posibilidad de creación limitada de empleo (temporal y a tiempo parcial), se instrumentaliza para profundizar en la precarización y la pérdida de derechos sociolaborales del conjunto y fortalecer el poder y los beneficios empresariales.
Ese discurso liberal-conservador pretende legitimar la estructura y la dinámica de desigualdad. Considera que el enriquecimiento de las élites es ‘merecido’ por sus habilidades inversoras y especulativas y el tráfico de influencias y poder. Y también que el empobrecimiento y el paro masivo, que afecta a personas de las capas populares, también es ‘merecido’. Así, no habría que cambiar nada, las dinámicas desiguales estarían justificadas, haciendo abstracción de las distintas situaciones de ventajas y desventajas, de origen, contexto y trayectoria, de las desiguales relaciones de poder y condiciones que están incluyendo en las diferentes capas de la sociedad. Pasa por alto las distintas oportunidades y capacidades iniciales y en su desarrollo en que se encuentran los distintos individuos y grupos sociales. Con esa idea, las capas acomodadas intentan pasar página del incremento de las brechas sociales y las posiciones de subordinación de la mayoría de la población, derivadas de las estructuras desiguales, la crisis económica y las políticas de austeridad. Pretende hacer olvidar las causas y responsabilidades de las capas financieras y gobernantes que las han ampliado a costa de la mayoría de la sociedad. Su promesa es que ese (limitado y lento) crecimiento iría a mejorar la capacidad adquisitiva de la población, esperando que el rechazo a la desigualdad pase a segundo plano.
El proceso de legitimación de la dinámica desigual adquiere nuevos argumentos: la (hipotética) mejoría de la situación de la gente, avalaría las políticas de ajustes y austeridad que han ampliado la desigualdad. Esta situación, según ellos, debería consolidarse y ampliarse como condición ‘inevitable’ para el crecimiento económico. Así, se garantizarían, junto con su mayor poder y dominación, el incremento de las distancias y privilegios de las capas más ricas frente al estancamiento de la mayoría de la sociedad. O, bien, la existencia de una leve mejoría de una parte (minoritaria), junto con el agravamiento de la pobreza y el desamparo con mayor subordinación, en otra parte (mayoritaria).
La justificación neoliberal de la desigualdad
Para interpretar la realidad de la situación de desigualdad y valorar su significado se debe combinar su análisis con la justicia social y sus fundamentos éticos. Aquí es cuando aparecen las distintas interpretaciones éticas para definir lo justo y lo injusto y, por tanto, dar legitimidad o no a determinados grados de desigualdad aplicados según motivos, condiciones y contextos diferentes.
El pensamiento liberal dominante considera la desigualdad como justa (o racional, eficiente y conveniente). Admite cierta igualdad jurídica o formal, pero valora la desigualdad socioeconómica como necesaria e imprescindible para garantizar el crecimiento económico, al que le da el valor supremo, y la correspondiente apropiación de beneficios por las clases dominantes. Es decir, la mejora del bienestar de la población pasaría por la inevitabilidad de la desigualdad, la acumulación privada de la riqueza en las cúpulas oligárquicas y, por tanto, la subordinación de la sociedad a unas relaciones y estructuras desiguales. El valor de la mejoría económica relativa derivada del mercado estaría por encima del avance hacia la igualdad, sería compatible con la ampliación de las brechas sociales, y ese proceso se calificaría de ‘justo’. Las élites económicas tendrían legitimidad para aumentar sus privilegios y las distancias respecto de la mayoría de la sociedad, siempre que los sectores desfavorecidos mejoren algo su capacidad adquisitiva. Este último componente adicional era, primero, la caridad hacia los pobres, y después, el talante ‘social’ del liberalismo o las tradiciones cristianas. El actual discurso de la derecha, del cambio de tendencia económica y de empleo, con la consiguiente e hipotética leve mejoría para personas desempleadas, utiliza ese argumento para frenar la crítica ciudadana a precarización, incertidumbre y desamparo de la mayoría, la ampliación de grandes brechas sociales y el enriquecimiento de las élites.
Así, nos encontramos con datos actuales como que más del 90% del crecimiento diferencial de la renta se lo queda el 10% más rico, y que el 90% de la población se reparte el 10% restante de la renta. Pero como éstos también mejoran respecto de su situación anterior, aunque las distancias aumenten, sería una situación más justa y suficiente para justificar como ‘buena’ esa dinámica más desigual. Por tanto, algunos de criterios de justicia (liberales, demócrata-cristianos y de apariencia progresista) se utilizan también para justificar cierto nivel de desigualdad en determinadas condiciones de mejoría relativa de los más pobres.
En consecuencia, habrá que demostrar, primero, la existencia de desigualdad, y, segundo, su carácter injusto. Es evidente la conciencia social de la existencia de mayor desigualdad y empobrecimiento cuando, al mismo tiempo, hay un descenso económico mayoritario. La interpretación es más ambivalente cuando hay cierto crecimiento económico, es decir, cuando se puede combinar dos dinámicas: mayor desigualdad (brechas sociales), junto con una mejora en la capacidad adquisitiva respecto a la situación anterior (es el caso actual de China).
El discurso utilitarista o neoliberal se centra en justificar la desigualdad y la subordinación popular como elementos fundamentales e imprescindibles para el crecimiento económico, para asegurar los beneficios e incentivar ‘adecuadamente’ a los principales agentes económicos (según ellos): los inversores (el capital financiero), los propietarios de los medios de producción y las capas gerenciales o corporativas. Según el pensamiento clásico liberal, la acumulación de riqueza privada llevaría a la prosperidad general. La realidad actual de la crisis económica, con una gran polarización de la riqueza, en manos de una minoría oligárquica, y una gran recesión o estancamiento económicos, cuestionan ese discurso. El aumento del dominio y el beneficio económico de las elites financieras no reporta en incremento de empleo (decente), y ese discurso apenas esconde su objetivo: intentar legitimar su apropiación desmesurada frente al interés general. La distribución de los beneficios de la actividad económica es desigual y se ampara en una estructura de poder que la impone, aunque esté sometida a los procesos de legitimación social y política.
Por tanto, hay un conflicto entre igualdad y crecimiento económico. En un marco capitalista como el actual, con libertad empresarial y de capitales, los agentes económicos, propietarios y gestores, exigen ‘incentivos’ desiguales, comparativamente. ¿Cuál es el grado de desigualdad necesario o admisible, según esas relaciones económicas y de poder, para garantizar un crecimiento ‘sostenible’ y ‘eficiente’ que reporte beneficios al conjunto, mejorando su situación material aún a costa de determinada distribución desigual? O al contrario, ¿Cuándo una distribución igualitaria deja de ser eficiente y constituye un motivo de rebelión para las élites y el poder financiero que exigen incentivos (desiguales) y dominio económico y de poder, bajo la amenaza del aislamiento financiero?. La solución viene desde el campo político: la capacidad de la sociedad y sus instituciones políticas (Estado) para regular los procesos económicos (mercado) y definir los márgenes de una justicia distributiva desde una ética igualitaria y solidaria que garantice el ‘bien común’ de la humanidad. La cuestión es que es difícil ejecutarlo si no es, al menos, en el plano europeo. En todo caso seguiría siendo un problema político, es decir, de fuerzas sociales e instituciones públicas con suficiente apoyo ciudadano para consolidar procesos de gobernanza que regulen los mercados, superando las dependencias y subordinaciones a esos poderes financieros de las clases gobernantes, los Estados y las instituciones europeas.
En definitiva, las concepciones de la justicia social, de una igualdad de oportunidades más débil o más fuerte, junto con una fuerte cultura democrática y cívica, particularmente, en la conciencia popular, son fundamentales para valorar la desigualdad y la actitud ciudadana ante ella.
Antonio Antón. Profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
10 febrero 2014
LLUVIA DE MILLONES PARA LA CLASE POLITICA Y SEQUIA DE SUELDO PARA TRABAJADORES
Ejecutivo gastó 467 millones en publicidad el 2013
El monto gastado en publicidad estatal es superior al presupuesto del poder Legislativo para el presente año y equivale al 80% del presupuesto asignado al Instituto Nacional Penitenciario y ocho veces más que las partidas presupuestales por CONCYTEC (Consejo de Ciencia y Tecnología).
“lo malo es el gasto desmedido orientado a un afán propagandístico y no de una valiosa información para la ciudadanía”, dijo.
Datos:
El año 2010 el Ejecutivo destinó S/. 211.8 millones para publicitar la imagen institucional y el año pasado, poco más del doble, lo que resulta excesivo.
EJECUTIVO AUMENTA SUELDO A POLITICOS Y BUROCRATAS DE CONFIANZA, GASTA EN PUBLICIDAD ENGORDANDO LOS BOLSILLOS DE LA PRENSA BASURA, MIENTRAS EL PUEBLO SE MUERE DE HAMBRE.
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lluvia de millones,
toma la calle
09 febrero 2014
LA GRAN REFORMA SALARIAL DEL ESTADO: LOS POLITICOS GANAN COMO SI TRABAJARAN Y LOS TRABAJADORES GANAN COMO SI NO TRABAJARAN Y NO TUVIERAN FAMILIA
Ministros de Estado recibirán compensación mensual de 30 mil soles
Domingo, 09 de febrero de 2014 | 8:22 am
Aumentos. Otros funcionarios públicos de libre
designación y remoción, como viceministros, secretarios generales,
gerentes generales de regiones y gerentes municipales, también recibirán
incremento. Ministro Castilla justifica aumento.
Consuelo Alonzo C.
De manera sorpresiva, el Gobierno publicó ayer un Decreto Supremo a
través del cual aprobó los montos por concepto de compensaciones
económicas que ahora recibirán los ministros y viceministros, entre
otros funcionarios públicos.
Así, un titular de pliego que ganaba S/. 15,600 pasará a recibir S/. 30 mil, mientras que los viceministros que ganaban S/.15 mil recibirán ahora una compensación económica mensual de S/. 28 mil; y los secretarios generales ganarán S/.25 mil, cuando percibían S/. 13.500 (en promedio).
En cambio, los gerentes generales de los gobiernos regionales recibirán una compensación mínima de S/.6 mil y una máxima de S/.16 mil. Los gerentes municipales, dependiendo si su alcalde gana más o menos de S/.5 mil, podrán recibir compensaciones que fluctúan entre los S/. 5 mil y los S/. 10 mil o entre los S/. 800 y los S/.5 mil.
Solo en caso su burgomaestre perciba un ingreso mayor a los S/.10 mil,
el gerente municipal podrá recibir como compensación entre S/. 10 mil y S/. 16 mil.
Pero para que esto se haga efectivo, en el caso de las regiones y
municipalidades, deberá ser aprobado mediante acuerdo del Consejo
Regional o de Concejo Municipal, según corresponda.
Asimismo, deberán contar con la disponibilidad presupuestaria sostenible en el tiempo.
JUSTIFICACIONES
El ministro de Economía, Luis Miguel Castilla, justificó esta medida al señalar que lo que buscan es "retener y atraer a personas talentosas y altamente calificadas a las instituciones públicas".
En esa misma línea, el economista mencionó que todo
"se hace en el marco de una reforma" que intenta disminuir la gran
brecha que aún existe entre el sector público y el sector privado.
Castilla recordó que, por ejemplo, el sueldo de los
titulares de portafolio estuvo congelado por ocho años tras haberse
recortado a la mitad, durante el gobierno aprista, en julio del 2006.
Agregó que en la región un ministro chileno gana casi 15 mil dólares
al mes, mientras que en México los salarios están por encima de los 11 mil dólares.
Eso sin contar –mencionó– que un gerente del sector privado puede ganar
60 mil soles; es decir, hasta cuatro veces más que un ministro peruano.
"Yo creo que sí está justificado el incremento", reiteró Castilla y aseguró que esto es parte de otras reformas de haberes que ya se han dado en el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas, el Magisterio y Salud.
Al ser consultado por qué el monto era tal, indicó que todo tiene congruencia con la cantidad de personas involucradas.
"Todos han recibido un aumento salarial, todos sin excepción. Hace
poco se ha dado el segundo tramo de la reforma policial. Al policía que
ganaba menos se le ha duplicado. Antes ganaba 1200, hoy gana 2300.
Todo tiene congruencia con la cantidad. Hablamos de 150 mil efectivos,
cuando ministros son solo 18", explicó tras revelar que en estos nuevos
montos están comprometidos S/. 20 millones.
CRÍTICAS
Al respecto, el secretario general de Perú Posible, Luis Thais, calificó de "absurdo" duplicar el salario de los ministros cuando aún hay policías que ganan muy poco.
"No es una buena medida. No es políticamente bueno que los ministros se dupliquen el salario cuando otros sectores requieren un aumento y no lo están logrando. Debió ser gradual", opinó Thais.
El congresista de Concertación Parlamentaria, Mauricio Mulder, indicó
que el Gobierno se estaba aprovechando de su nivel de aceptación para
sacar una norma de esta manera y consideró que la misma es motivo de
interpelación.
"Se están metiendo en un escándalo terrible", auguró.
Sin embargo, Agustín Molina, parlamentario de Gana Perú, dijo que
esta es una buena iniciativa pues así los ministros podrán cumplir como
debe ser su encargatura.
MEDIDA PERMITIRÁ QUE SE HAGA CARRERA
El director gerente del Instituto Peruano de Economía (IPE), Miguel Palomino, explicó que cuando se hizo la Ley del Servicio Civil era
implícito que uno podía hacer una carrera en el sector público, pero
para que eso pase el personal debe ser adecuadamente remunerado.
Agregó que lo que estuvo ocurriendo hasta ahora es que tras una
medida populista del gobierno aprista se condenó al sector público a no
pagar buenos sueldos para traer personal competente y de carrera.
Por eso, dijo, en el sector público hay escasez de técnicos de primer
nivel que no pueden cumplir adecuadamente con las funciones asignadas.
"Esa carrera no va a existir si a los profesionales no se les paga lo
que sí en sector privado", aseguró.
FUENTE: http://www.larepublica.pe/09-02-2014/ministros-de-estado-recibiran-compensacion-mensual-de-30-mil-soles
PARA LEER Y ANALIZAR Y COMPARAR..
¿CUANTO GANA EL PUEBLO?
Pero si se habla de injusticias, un maestro siempre será el referente obligado.
Suena increíble, pero el maestro segun su nueva ley 29944. Su sueldo básico es de S/ 1,243 ( a eso le descuentan AFP, ONP, ESSALUD Y LE QUEDA s/. 1,000 mensual).
Debido a los préstamos magisteriales y descuentos, el 70% de ellos recibe a fin de mes un promedio de S/ 600, según cálculos del Sutep.
Habria que decir que, es el maestro quien esta sometida a mas evaluaciones, por eso un gran % tienen maestrias y doctorados, pero ganan peor que un policia que solo recibe 1 año de instruccion basica y su sueldo de un policia que se inicia es de +- s/. 2300.
La meritocracia tampoco está bien regulada, pues no evalúa la función pedagógica en aula y solo se limita a una prueba estandarizada.
Por todo ello, el "cachueleo" es el régimen que predomina en la mayoría de los maestros.
"Estamos viviendo 14 años del cachueleo y hasta ahora ningún gobierno resuelve nuestra situación", reclaman los maestros.
EL 70% DE ESTATALES ESTÁ ENFERMO POR MALAS CONDICIONES LABORALES
La queja de los servidores públicos va más allá de los sueldos bajos, en su mayoría. Un problema que subsiste escondido en la administración del Estado son las enfermedades ocupacionales, que aumentan en forma alarmante. "Cuando los gobiernos hablan de mejorar el trabajo en el Estado, solo se refieren a sueldos y no mencionan las malas condiciones laborales. En general se ven pocas formas de trabajo decente", señala el médico Carlos Rospigliosi, del Ministerio Público.
Rospigliosi señala que el 70% de trabajadores en el Estado está enfermo por las precarias condiciones laborales, el estrés y en muchos casos, el riesgo psicosocial por condiciones atípicas. "Frente a esta situación, el mayor violador de los derechos laborales es el Estado", sostiene. Agrega que a pesar de los miles de casos, ninguna enfermedad laboral ha sido judicializada.
En agosto del 2011, el gobierno promulgó la Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo, pero en la práctica no se cumple. La norma promueve el bienestar laboral, chequeos médicos y la integridad física y psicológica. Existen servidores con 20 años que nunca se hicieron un chequeo médico, revela Rospigliosi.
http://www.larepublica.pe/06-02-2012/politica-de-sueldos-en-el-estado-sigue-caotica-y-no-valora-la-meritocracia
SIMULACRO VIRTUAL : EVALUACION PARA PARA UBICACION Y ASCENSO EN LA LEY 29944
¿ERES DOCENTE Y QUIERES SABER EN QUE CONDICIONES ESTAS PARA EL EXAMEN DE UBICACION Y ASCENSO EN LAS PROXIMAS EVALUACIONES?
ENTONCES PARTICIPA DEL SIMULACRO VIRTUAL
GRATUITO PARA DOCENTES EBR
INICIO: 09/ 02/ 2014 AL 15/ 02/ 2014
http://www.edumediate.net/9evaluacion/index.php
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