¡INAPLICABILIDAD DE LEY Nº29944 LEY DE REFORMA MAGISTERIAL; PAGO INMEDIATO DEL 30% POR PREPARACION DE CLASES Y EVALUACION!

Para tener Presente

"Los Maestros, al ponernos al servicio del Estado, no hemos vendido nuestra conciencia ni hipotecado nuestras opiniones, ni hemos perdido nuestra ciudadanía. El hecho de recibir una suma mensual de dinero significa sólo el pago de nuestros servicios profesionales, pero no el pago de un silencio y de una conformidad que repugna. Quienes pretenden que el maestro debe "callar, obedecer y trabajar", están en un error, y cometen un insulto a la dignidad humana... ". José Antonio Encinas

¿REFORMA EDUCATIVA?

¿Reforma educativa para mejorar la calidad académica? Es posible esto sin atender el rezago educativo en materia de infraestructura en zonas marginales, con estudiantes mal alimentados y desnutridos, sin planes de estudio acorde a las necesidades de la población.

Evaluar a los maestros, ¿Quiénes, las instituciones corruptas del Estado? ¿La Ministra Bachiller que no sabe quien proclamó la independencia del Perú? ¿Los intelectuales “expertos” de la televisión? ¿Los periodistas mercenarios asalariados de la gran empresa?


ley de reforma magisterial y la destitucion por inasistencia y tardanza

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24 marzo 2009

“Cambalache” tenía razón

“Cambalache” tenía razón

Se llama Orden Internacional y consiste en que condenan a tres años de cárcel a Muntadhar al-Zeidi, el periodista que lanzó un zapatazo a George Bush, pero nadie condena a George Bush, que lanzó cientos de miles de bombas sobre Irak y Afganistán y mató a miles de civiles de esos dos países.

O sea que una cosa es un zapato que no da en el blanco y otra miles de bombas que sí aciertan el blanco –aunque ese blanco sea un solar familiar, la celebración de una boda que se confunde con un aquelarre terrorista o un edificio de departamentos donde se presume que vive un sospechoso-.

El Orden Internacional consiste en que a Radovan Karadzic, el asesino de musulmanes en Bosnia Herzegovina, lo persiguen por criminal de guerra y lo capturan (qué bueno), pero a Ariel Sharon, asesino serial de niños palestinos, lo nombran primer ministro y lo lloran cuando le da una embolia.

¿Y será Orden Internacional que la ONU sea esa vieja espectral que nadie respeta, a punto tal que cuando su secretario general estaba en Jerusalén la aviación israelí incendió los almacenes de la organización mundial en Gaza?

Es cierto que el Orden Internacional ha sido siempre, desde que exterminamos a los Neanderthal, una expresión de nuestra animalidad depredadora.

Lo que pasa es que ahora el arte de matar en masa ha llegado a estadios magistrales y, claro, eso hace una diferencia de hemorrágicas consecuencias. Una cosa era el combate cuerpo a cuerpo de romanos y germánicos en las cercanías del Rin y otra es una bomba de racimo puesta en un cohete inteligente que llega a tu cuadra casi por Federal Express. Y, además, cuando nos comíamos a los Neanderthal no pregonábamos que éramos civilizados.

Una recientísima muestra del Orden Internacional ha sido lo que ha pasado con España y Kosovo.

En un inusual gesto de independencia y dignidad, el gobierno español ordenó que sus 600 efectivos salieran de Kosovo, la antigua provincia serbia que Estados Unidos y sus aliados han convertido a la fuerza, y ante el cadáver de Yugoslavia, en un país oficial.

Como ustedes saben, la provincia de Kosovo se autoproclamó república independiente en febrero del 2008 y, de inmediato, fue reconocida por los Estados Unidos y los países que más le sirven, esos avecindados en lo que alguna vez fue la Europa de los Medici.

La independencia de Kosovo vino después de que las tropas de la ONU y la OTAN, heterónimos pomposos de Washington, libraran una guerra breve y feroz en contra de los serbios de Milosevic. El pretexto fue que Kosovo, cuna histórica del pueblo serbio, estaba lleno de albaneses. Que es como decir que el estado de La Florida debía ser parte de la república de Cuba o que Tarapacá mereció ser chilena por la presencia extendida de súbditos de Chile en sus parajes.

En fin, que Kosovo es un país falso, tan inventado como Panamá cuando al bruto del garrote se le ocurrió que el Canal debía de hacerlo en una colonia surgida de su imaginación y no en una provincia colombiana sujeta a las leyes de Bogotá (los deudos de los 20,000 trabajadores muertos en la obra no merecieron la indemnización que Colombia habría planteado).

Lo surrealista es que España no reconoce a Kosovo como república independiente. Y no lo hace porque los nacionalismos vasco, catalán y hasta el gallego tienen vocación centrífuga y puede ser que algún día el síndrome de Kosovo prenda como epidemia en esas autonomías. Y ya veremos quién bombardea a quién.

Entonces viene la pregunta: si España no reconoce a Kosovo, ¿qué hacían sus tropas en Pristina, la capital de aquel país fraguado en Washington, cuidando precisamente de que a Kosovo no lo vaya a retar el revanchismo serbio? ¿Estás cuidando las fronteras de un país que has negado? ¿Se puede ser más idiota?

¿Qué hacían las tropas españolas en Kosovo? Pues cumplían órdenes de la OTAN, el portaaviones de los Estados Unidos más gran del mundo.

Así que cuando la ministra de Defensa española, Carmen Chacón, anunció hace poco que las tropas españolas se retirarían de Kosovo nada pudo sonar más coherente ni más sensato ni más decente.

Bastó que eso ocurriera, sin embargo, para que Washington dijera de inmediato que la actitud de España “era decepcionante”. Y bastó que la Casa Blanca abriera la boca para que la derecha española pusiera el grito en el cielo y dijera que no se podía poner las relaciones con los Estados Unidos en peligro, que Carmen Chacón había sido una irresponsable y que qué buenos fueron los tiempos de la rana René, o sea Aznar en las Azores y babeando inglés en Georgetown.

¿Y qué hizo Rodríguez Zapatero? ¿Respaldó a su ministra, que, evidentemente, sólo había expresado una decisión tomada en La Moncloa?

No sólo no la respaldó sino que mandó a Bernardino León, secretario general de la Presidencia, a decir que ya no había retiro y que la voluntad de España “es prolongar la estancia de las tropas mientras sea necesario”.

¿Se puede ser más insignificante? Bueno, sólo si hablamos de gobiernos como el de las Islas Marshall, un archipiélago radioactivo donde los Estados Unidos reventaron 67 bombas atómicas en la posguerra y cuyo producto de bandera es el cheque que Estados Unidos le pasa cada año para que sus 52,000 habitantes se sigan divirtiendo llenándose el cuerpo de tatuajes y hectolitros de alcohol.

Eso también se llama Orden Internacional. Ese orden que Alan García, hijo político de un ciudadano del mundo llamado Haya de la Torre, mira con miedo reverencial. El miedo de quien, ya sexagenario, tomó la decisión más importante de su vida: obedecer.

El tango “Cambalache” no era un tango. Era pura sabiduría. Y no lo escribió Santos Discépolo. Lo escribió Nostradamus.

César Hildebrandt
Columnista
diario la primera

21 noviembre 2008

Welcome Mr. Bush


Welcome Mr. Bush
Qué bueno tenerlo por aquí, señor George W. Bush. Siempre es divertido verlo y oirlo en otros escenarios que no sean el salón oval, donde usted ha tenido que trabajar tanto para desacreditar a su país como pocos lo hicieron antes, o en la azulada salita de las conferencias de prensa de la Casa Blanca, donde usted jamás ha contestado en serio las preguntas que lo incomodaron.
Aquí, en el Perú, deberá usted sentirse como en su casa. Y si todo dependiera del doctor Alan García, ésta sería ya una extensión de su casa.El presidente del Perú, señor Bush, no es sólo su socio. Es, como eran antes los Trujillo y los Odría, su incondicional.
Así que viene usted al país de América Latina que más competencia le plantea al México de Calderón y a la Colombia de Uribe. Si usted, señor Bush, se llamara Theodore Roosevelt y usara un gran garrote, la comedia sería completa: Alan García lo recibiría disfrazado de mariscal Cáceres.
Prescindiendo del inglés del doctor García, todo será amable para usted en estas tierras que han vuelto a ser las de antes, señor Bush. Es cierto que García puede tener otros amores –los chinos, por ejemplo, ante quienes se disfraza de alfombra roja, come con palitos, habla en mandarín de mandarina, calla en idioma tibetano respecto del campo de concentración gerenteado por WalMart en que se ha convertido China-...
Es cierto, decía, que hay otros amores pero le puedo asegurar que ninguno como el que le profesa al capitalismo peludo que usted representa.El Perú, señor Bush, es, desde el punto de vista de la afinidad presidencial con los Estados Unidos, un Panamá cortado en canal, un Kuwait sin tanto petróleo pero con igual cantidad de huecos, un Irak sin haber sido bombardeado. O sea, quiero decirle, “un aliado estratégico”. Es decir, susurrando: un negro antes de Lincoln, un interrogado de Guantánamo.
Y no me refiero al pueblo peruano sino al equipo gobernante del doctor García. Es que no hay nada más radical que un anti vuelto pro ni nada más intenso que un odio que fue amor. Porque, aunque usted es un analfabeto funcional, quizá le hayan dicho, señor Bush, que el sepulto jefe de Alan García escribió alguna vez un libro titulado “El antiimperialismo y el Apra”.
Cuando el doctor García lo reciba, señor Bush, le dirá lo que aquí ha venido pregonando ante el asombro de la ciencia y las embolias de algunos economistas: que la actual crisis es una crisis de riqueza, que durará muy poco, que de ella se librarán países colonizados como el nuestro y que, tras su paso, todos las economías, empezando por la de los Estados Unidos, saldrán más fuertes y anabolizadas que antes.Cuando usted escuche eso quizá sienta que ese fue el optimismo que le faltó a John McCain.
Y es cierto: si García hubiese asesorado a McCain, McCain sería ahora el presidente electo obligado, por presión de sus financiadores, a no cumplir ninguna de sus promesas. Porque eso es exactamente lo que hizo el doctor García en esta Florida del Inca, señor Bush.
Diremos, para ser justos, que tanto usted, señor Bush, como el doctor García, son igual de mentirosos, igual de cínicos e igual de inescrupulosos. Pero si queremos ser imparciales en esto de repartir honores por vuestros talentos, tendremos que decir que sus mentiras, señor Bush, terminan en bombardeos de ciudades y asesinatos multitudinarios, mientras que las mentiras del doctor García discurren sin espoletas ni estruendo en el viejo surco colmatado de farsas de la historia peruana.
Hay otros parecidos fraternales y casi societarios entre ustedes, señor Bush. Usted ha destruido la economía de su país. El doctor García destruyó la nuestra hace 20 años y ahora aspira a hacernos ricos de la mano de ustedes, que están en quiebra técnica. Es cierto que usted es infinitamente más ignorante que el doctor García, pero digamos que, en materia de teoría económica, el doctor García casi no permite contendores.
Es cierto que el doctor García sería incapaz de decir, como usted dijo, que “es mucho más fácil triunfar con un éxito que con un fracaso”, pero, a la hora de citar a Vallejo, recitar a Calderón de la Barca, contar en inglés, dar clases de periodismo y hablar de las “altas cualidades” de su novia, el doctor García como que sigue dando la pelea.Y en cuanto a la religión, si usted pasó, heroicamente, del alcoholismo a la obediencia de Dios, el doctor García pasó del laicismo masónico y hayista al hábito del Señor de los Milagros.
Y si usted es un líder algo apocalíptico que quiere cambiar el mapamundi a bombazos y acabar con las soberanías a punta de marines, fíjese lo que sería el doctor García si tuviera el maletín nuclear que viaja con usted: ayer, en “El Comercio”, que es un diario que vota por ustedes y bota a sus directores cuando puede, el doctor García, refiriéndose a los que critican su chilenismo de roto acholado, dijo lo siguiente: “Lo mejor que puede hacer (el Perú) es poner en una balsa a todos esos que hablan por el hígado, envidia o frustración personal y lanzarlos por el mar a que se pierdan...”
O sea que García dice lo que usted piensa pero no se atreve a decir. Es que con tal de defender a Chile, a los Estados Unidos, o a China, el doctor García es capaz de hablar como un matón que acaba de inhalar cocaína. Porque el doctor García, señor Bush, es el primer presidente auténticamente global de la historia.
Mírelo bien y se dará cuenta de que hasta parece una escultura inspirada en la globalización.
Hay una diferencia a su favor, sin embargo, señor Bush. Usted ha permitido que su vice Presidente Dick Cheney robe lo que quiera. El doctor García le puede contar por qué a él le resulta tan difícil delegar. Es que las grandes faenas, los faenones, no se pueden acometer de otra manera.
César Hildebrandt
diario la primera

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